Aby cerró la puerta dejando a la chica gritando y resoplando por la divertida estancia que le esperaba ahí metida.
-Huxley, llama al que organizó la fiesta y que te pase una lista de los invitados. Yo me voy al bajo a ver si veo algo de interés.
-Claro jefa- dijo Huxley cogiendo el teléfono.
-¿Y yo que?- preguntó Hughes.
-Lo que quieras, puedes quedarte aquí o venirte conmigo.
-Prefiero un poco de acción en vez de tener que mirar nombres en una lista.
-Lo mío también es acción, tengo que comprobar que el fax llega bien- dijo Huxley.
-Pues ponte el chaleco antibalas por si acaso- se mofó Aby.
-Ya vendréis a llorarme.
-Cuando tengas la lista, llámame.
……………………
No fue difícil encontrar el callejón, era el único en el que se había celebrado una fiesta salvaje. Además las llamadas a la policía esa noche señalaban a una sola dirección y a un solo número.
-¿Tú de adolescente eras igual de seria?- preguntó Hughes cuando salieron del coche.
-No te gustaría haberme visto a mí de adolescente.
-¿No me digas que eras una rebelde que rompía las normas y se escapaba de casa para ir de fiesta?
-No, tanto no. Pero no era demasiado buena- dijo ella con una sonrisa.
-No me lo creo, seguro que eras de esas que se pasaba las noches metida en casa leyendo novelas románticas y soñando con su príncipe azul.
-Nunca he sido de las del príncipe azul, más bien de volátiles caballeros.
-Cuanto más te conozco más me impresionas Weaver.
Ella se ruborizó y adelantó unos cuantos pasos para que no se le notara demasiado.
Un cartel con letras de neón se alzaba encima de una puerta metálica llena de papeles pegados con celo que promocionaban discotecas o alguna fiesta por la zona.
-Espero poder verte en acción algún día.
-Siento decepcionarte, pero esa Aby se volatilizó cuando se hizo policía.
-Menuda decepción.
Aby tocó a la puerta con los nudillos helados por el frío. Maldijo en sus pensamientos el haberse dejado los guantes en la comisaría. El aire frío era punzante y la humedad se calaba hasta los huesos.
Un hombre corpulento vestido todo de negro les abrió la puerta. Estaba de mal humor, solo había que ver la cara que le puso a la inspectora cuando la vió.
-¿Qué quieren?-dijo bruscamente.
-Soy la inspectora Weaver y él Hughes, tenemos que hablar de la fiesta de anoche.
-Escuche ya lo he dicho antes, todos los permisos están en regla y respetamos los horarios, si les molesta que se jodan.
-Relájese no venimos a hablar de eso.
-¿Entonces que quieren?
-Investigamos un asesinato.
-¿Y eso que tiene que ver con mi fiesta? No han matado a nadie que yo sepa.
-Supongo que mi compañero ya le habrá llamado para que nos de la lista de invitados, pero queremos saber si conoce a Tamala Colin.
-Me suena de haber hablado con ella anoche, estaba muy borracha.
-¿Sabe con quien estaba?
-Si, con un chico creo que se llamaba Jon o Joel no me acuerdo.
-¿Podría describirlo?
-Si, era alto delgado y con el pelo algo despeinado.
-¿Sabe si salieron de la fiesta en algún momento?
-No, no soy el vigilante. Me da igual quien entra y quien sale.
-¿No tiene nadie en la puerta por si intentan colarse?
-No, porque tengo una cámara de seguridad y un tipo que controla.
-¿Nos podemos llevar esos videos?
-No, a no ser que traigan una orden judicial- dijo cruzando los brazos para reafirmarse.
-Eso nos retrasaría mucho, mejor que nos la de ahora.
-No.
Aby subió un escalón para ganar altura, aunque él todavía la superaba algunos centímetros. Lo miró directamente a los ojos y sin contemplaciones.
-Escúchame que midas dos metros y seas dos veces más ancho que yo no me asusta ni un poco. Puedes darme los videos y yo desaparezco, o si no me encargaré de que vengan unos cuantos inspectores de sanidad a tu próxima fiesta y unos cuantos polis para que vean si tienes lo papeles en regla ¿Qué prefieres?
Durante un segundó, el gorila cogió aire preparándose para contestar a Weaver. Pero ella continuaba firme y sin desviar la mirada.
-Pasad.
Aby mostró una sonrisa malévola cuando se dio la vuelta y entró al local.
La única luz que entraba era la de las ventanas colocadas en la parte de arriba. Los edificios colindantes enmascaraban cualquier posible rayo de sol. El suelo estaba pegajoso y a cada paso Aby hacía un esfuerzo para levantar los pies. No era exactamente una discoteca en la que limpiaran tras la noche de fiesta. La basura se acumulaba por los rincones.
-Esperad en la barra, ahora los traigo- dijo señalándoles con su rechoncho brazo unos taburetes.
Los policías se pusieron frente al mostrador. Ella miró los taburetes de plástico rojo que intentaban imitar de alguna manera al cuero natural, pero estaban llenos de manchas recientes y no tan recientes que se habían filtrado en el tejido.
-¿No te sientas?- preguntó Hughes con ironía.
-No, creo que estoy mejor de pie.
-Vamos si parecen muy confortables.
Ella le puso la mano en el hombro y presionó hacía abajo, lo que le hizo tener que apoyarse bruscamente en el taburete.
-¿Qué? ¿Son cómodos?
-Creo que voy a tener que tirar estos pantalones en cuanto llegue a casa.
Ella sonrió y miró las botellas de colores que reposaban tras la barra. La mayoría estaban medio vacías y algunas frutas para cócteles, permanecían a su lado en un viejo frutero de cerámica. Aby miró unas cuantas fotos pegadas en un corcho. Había centenares de ellas y en todas había una fecha puesta.
-Hago fotos de todas las fiestas- dijo el dueño.
-Ya veo ¿tiene de la de ayer?- preguntó Aby.
-Si es la última a la izquierda.
-Cógela Hughes ¿tiene ya los vídeos?
-Si- dijo mientras le tendía un CD guardado en una carátula de plástico transparente.
-Gracias.
……………………….
Aby no había soltado el disco en todo el viaje. La visita a ese tugurio había sido bastante más productiva de lo que ella esperaba.
-¿Qué tenéis?-preguntó Huxley.
-Más de lo que esperas. Resulta que esa noche Tamala y Joel estuvieron juntos en la misma fiesta, y resulta que el local está a muy poca distancia de Bowery Bay- dijo Aby.
-Pues yo he cotejado las listas, algunas personas aseguran haber estado con Tamala en la fiesta, dicen que se marchó sobre las doce y media de la noche.
-Está bien, quiero hablar con ella. Hughes y Huxley id a por el novio y que os cuente donde estuvo anoche y quiero la verdad.
-Entendido- respondieron al unísono.
Abrió con fuerza la puerta de la sala de interrogatorios y la cerró de un portazo que sobresalto a la chica.
-¿Por qué me has mentido?
-No le he mentido.
-Claro que si, dijiste que estuviste en la fiesta toda la noche, pero unos testigos aseguran que saliste sobre las doce y media y no volviste pasadas las tres.
-No diré nada sin un abogado.
-Está bien no me hace falta tú declaración, hay cámaras de seguridad que grabaron quien entró y quien salió del local ¿Qué harás cuando las haya visto?
-Primero vean el video y luego hablaré, pero con mi abogado delante.
-Como quieras, más tiempo pasarás aquí.
Aby salió de la sala de interrogatorios y puso el DVD en su portátil. Hughes y Huxley se colocaron alrededor de ella.
Comenzaron a ver el video a cámara rápida, pero de repente ella paró cuando vio la figura de Tamala saliendo por la puerta.
-Las doce y media pasadas, sin duda es ella.-dijo Huxley.
Adelantaron un poco más, hasta las tres.
-Y vuelve a esa hora, a partir de ahí ya no sale hasta que se hace de día, solo para fumar de vez en cuando- respondió Hughes.
-Ha pedido un abogado pero con esto tenemos bastante para inculparla- dijo Aby mientras se levantaba de la silla.
-Reza porque la abogada no sea Julia Kingstone.
Pero no hubo suerte, la abogada de oficio era ella. Todos los de la comisaría la odiaban. No te dejaba respirar, tenía respuestas para todo y sacaba cosas donde no las había. Aparte su enorme ego y su capacidad para pisotear a los demás era algo realmente molesto. Pensaba que los policías eran estúpidos y eso sacaba a Aby de sus casillas.
-Buenos tardes inspectora Weaver- dijo con sarcasmo.
Su cara empezaba a mostrar las primeras arrugas de mujer mayor. Llevaba unas gafas juveniles con las que intentaba disimular su edad, pero solo conseguía estar más ridícula.
-Me parece que no vas a hacer demasiada falta, tenemos pruebas suficientes para culparla.
-¡Pero si yo no he hecho nada!- saltó Tamala.
-Cállate- le respondió la abogada con firmeza- dirás lo que yo te diga ¿entendido?
-Si.
-¿Y que pruebas tiene para culpar a mi clienta?
-Un video en el que se demuestra que nos mintió, dándonos una coartada falsa. Salió del local justo en las horas establecidas como hora de la muerte. Aparte el local estaba cerca de la escena del crimen y ella tenía un móvil.
-Pero mi clienta asegura no conocer que la víctima se encontrara en Bowery Bay.
-O puede que si y haya vuelto a mentir.
-¡No miento!
-¿Qué parte de no hablar no entiende señorita Colin?-dijo la abogada- por ahora no tienen nada que la inculpe, aparte de unas grabaciones.
-¿Y que pasa con la obstrucción a la justicia? Nos ha mentido.
-Mi clienta estaba en estado de embriaguez esa noche, por tanto su coartada no es sólida ni válida ¿algo más inspectora?
-No, por ahora.
Salió de la sala de interrogatorios con una rabia que apenas le cabía en el cuerpo. Esa maldita abogada parecía más interesada en interponerse en las investigaciones y mostrar sus conocimientos que en atrapar asesinos.
-¿Qué has conseguido?- preguntó Hughes.
-Nada, Kingstone ha conseguido que salga sin cargos- ¿Y Joel?
-Igual, al menos he conseguido que lo acusen de obstrucción, pero no salió del local hasta pasadas las cinco, así que queda libre.
-¿Por qué nos mintió?
-Seguramente se escapó de casa para ir a la fiesta, a veces no se dan cuenta de que les pillaremos aunque mientan.
-Yo estoy segura de que Tamala tiene algo que ver, tenía un móvil y una situación perfecta.
-¿Pero como se enteró de que ella estaba allí?
-Eso es lo que no me cuadra.
-Quizá sea inocente.
-Pues yo creo que no.
…………………..
Aby miró por la ventana de su habitación. La ciudad estaba iluminada por las luces nocturnas. Pequeños cuadrados de luz se distinguían sobre los edificios iluminando las siluetas de los rascacielos. No abrió la ventana, hacía demasiado frío, así que decidió disfrutar de las vistas tras el cristal. Miró la iglesia de Sant Patrick, en Park Avenue. Tuvo mucha suerte cuando compró el apartamento y sin duda la imagen que había tras su ventana era de la mejores de la ciudad. La única luz que quedaba en la iglesia se apagó quedando únicamente alumbrada por las farolas de su alrededor.
Aby se tiró encima de la cama, agotada por el cansancio y apagó la luz de su mesilla de noche. Ahora la estancia estaba únicamente iluminada por la luz de la luna que se reflejaba con su color azulado por la habitación. De vez en cuando algún coche pasaba por la calle y sus faros creaban un amanecer instantáneo en el cuarto de la inspectora, para luego dejarla de nuevo sumida en la más profunda oscuridad.
leiidoop! mola mucho
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