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sábado, 12 de febrero de 2011

Primer capítulo parte 3.

Capítulo 1:
Aby se concedió un último momento de gloria poniéndose de nuevo frente al hombre, mientras él retrocedía asustado.
  -Espero que esto te haya servido de lección- le dijo al oído en un susurro.
Él asintió asustado y retrocedió sin apartar la mirada de Aby, que ahora le miraba con superioridad’ y desapareció al fondo del salón.
Pasados unos instantes apareció Axwell y se acercó a Aby.
  -Dime que no tienes nada que ver con el tipo que ha salido con la nariz rota.
Ella se limitó a encogerse de hombros y esbozar una sonrisa, él la entendió y no pudo evitar reírse.
  -¿Qué ha pasado? ¿Te ha pedido la hora?
  -Ha intentado pasarse conmigo.
  -¿Contigo? En su nariz se nota que no te conoce bien.
Ambos rieron y algo de la tensión que se había acumulado durante el día comenzó a disolverse.
  -En serio Aby, si te dejaras conocer todo sería diferente,
  -Tú me conoces.
  -Si, pero solo yo y unos pocos más, debes dejar salir esa Aby que yo veo.
  -Si quizá…- se acabó la copa de un trago- me voy a la cama, buenas noches.

Llegó hasta el pasillo de los ascensores, pero ambos estaban ocupados y las puertas se cerraron en sus narices. Decidió subir por las escaleras mientras pensaba en las palabras de Axwell.
En cuanto entró en la habitación cerró la puerta con pestillo y se metió en la ducha. Abrió el grifo del agua caliente que tardó una eternidad en salir y en esa época del año no era recomendable ducharse con agua fría a no ser que quisieras una gripe que te tuviera metida en casa una semana, ella odiaba quedarse en casa porque pasaba todo el día dándole vueltas a las cosas, como un año atrás, cuando una joven que había matado a su novio por celos le disparó en un brazo, ese día se alegró de que la chica no hubiese cogido un arma nunca.
Cuando salió de la ducha se puso un pijama y se metió en la cama, pese a todo solo tardó unos segundos en dormirse profundamente.

El sonido del teléfono la despertó de golpe. Cegada por la luz del sol comenzó a dar manotazos por la mesa buscando el maldito aparato hasta que al fin lo cogió.
  -¿Si?- dijo algo obtusa aún.
  -Buenos días señorita Weaver, le llamamos para informarle que debe levantarse ya para coger su vuelo.
  -Gracias.
No recordaba haber dicho que la llamaran esa mañana, seguramente fue Axwell quien le dijo a la recepcionista que la despertara la otra noche.
Se levantó a duras penas y se lavó la cara para despejarse. Miró de nuevo en su maleta y esta vez buscó su ropa de trabajo habitual, la que mejor llevaba sin duda. Casi todos los conjuntos tenían factores comunes, vaqueros ajustados, zapato cómodo, camisas y una americana de color oscuro.
Cuando acabó de arreglarse recogió sus maletas y bajó al restaurante del hotel, donde Axwell le esperaba luciendo un precioso traje de chaqueta azul oscuro sentado en una de las mesas.
  -Me he permitido el lujo de elegirte el café.
  -¿Solo?
  -Exactamente.
Ella sonrió y fue a buscar unas tostadas para acompañar el café.
  -No podemos retrasarnos Aby, el avión sale dentro de hora y media.
  -¿Me estresas ya de buena mañana?
  -Eres policía pequeña, siempre estás estresada.
Salieron del hotel a los 15 minutos y no tardaron mucho más en llegar al aeropuerto.
El vuelo no era excesivamente largo, aunque a Aby le encantaba volar, le daba una sensación increíble de serenidad y de desconexión con ese trabajo que la llevaba absorbiendo tanto tiempo.
Su brigada era la de la calle 14, cerca de la Quinta avenida lo que hacía que fuera una de las más importantes de la ciudad. Cuando podían permitirse un día de descanso, le gustaba mirar por la ventana la gente pasar, inventando sus historias o al menos jugar a baloncesto con su compañero Tom, usando una papelera.

Cuando cruzaron la puerta era pronto y la oficina estaba vacía porque casi todos estaban llegando del funeral. Ella vio a Tom sentado en su silla de ruedas lanzando pelotas de papel y se colocó al lado suyo hasta que deparó en su presencia.
  -Pensaba que me quedaba solo haciendo triples.
  -Solo así podrías ganarme Michael Jordan.
  -Si muy graciosa inspectora.
Desde que comenzó a trabajar con Tom se habían llevado muy bien. No habría resuelto ni un solo asesinato si no hubiera sido por su ayuda, siempre podía confiar en él cuando decía ‘Cúbreme’.
  -¿Qué tenemos hoy?
  -Sorprendentemente nada, parece que hoy será un día de canastas.
  -Di mejor otro día en que tu ego masculino cae por los suelos.
  -Ya lo veremos- dijo con una sonrisa.
Los dos comenzaron a lanzar pelotas de papel a la papelera. Podía parecer que a Tom no le preocupaba la pérdida de su compañero, pero no era así. El siempre decía que cuando eres policía, no sabes si esa mañana será la última que veas a un compañero, por eso el prefería celebrar cada día que no recibían un disparo, en vez de llorar por el día en el que finalmente se producía.
  -¿Y Hughes?
  -Por ahí andará, no soy su niñera- dijo Tom.
  -Siento que no pudierais venir con nosotros al funeral, pero necesitamos gente por si pasaba algo.
  -Tranquila ha sido una noche calmada. Solo una pequeña discusión doméstica que se aplacó fácilmente.
  -Entonces no os habéis divertido sin mi.
Ella sonrió a su compañero que hizo una bola de papel y la lanzó a la papelera, rebotando en un canto y cayendo al suelo.
  -Mierda- susurró Huxley avergonzado.
  -Después de tantos años y siempre acaban en el suelo, pues te toca recogerlas a ti.
  -Siempre las recojo yo- le contestó agachándose.
  -Ya dijimos que quien perdía recogía, por eso siempre las recoges tú.
Salió de su oficina hacía la cafetería. Una enorme ventana iluminaba la sala y parecía que si seguías andando hacia ella acabarías cayendo. Aby miró en los edificios de enfrente las distintas estampas familiares que se reflejaban en ellos. Gente preparándose para el trabajo, niños regañadientes por tener que volver a casa… Alguien le tocó el hombro y se sobresaltó.
  -¡Hughes!- exclamó.
  -¿Te he asustado? Es que te he visto concentrada y no podía resistirme.
Se sentaron en una de las redondas mesas metálicas. El olor a café de primera hora de la mañana y las tazas colocadas a su alrededor daban la imagen de un sencilla cafetería escondida entre mesas de oficina.
  -¿Qué tal el funeral?- preguntó Hughes.
  -Pues como todos…
  -¿Estás bien?
  -Ya he dicho que si a todos, dejad de preguntarme por favor.
  -Solo me preocupaba por ti.
  -Pues no lo hagas.
Hughes desvió su mirada al reloj de pulsera que llevaba desde que entró a trabajar. Aby reflexionó un poco, se había pasado y él solo se preocupaba por ella. Un año atrás eso la agobiaba, siempre había sido una mujer independiente y no le gustaba que la tratasen como a una niña pequeña. Pero con el paso de los días había cogido el gusto de sentir que alguien se preocupaba por ti incondicionalmente, aunque a cambio solo recibiera malas contestaciones.
  -Lo siento- se disculpó ella- estoy algo cansada.
  -Me ha contado Huxley lo que te dijo su mujer, pero no hagas caso no fue tu culpa de verdad.
  -Gracias por preocuparte, pero estoy bien de verdad.
Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Se quedaron callados, Aby esquivaba su mirada para evitar que averiguara más. Siempre le sorprendía su capacidad para hurgar en lo más hondo de los sentimientos de Aby solo con mirarla. De normal ella era como un muro impenetrable, pero Hughes conseguía sonsacarle lo que le pasaba con mucha facilidad.
Huxley apareció de repente y se sentó junto a sus compañeros. Apoyó las manos encima de la mesa y comenzó a dar unos impacientes golpes con los dedos.
  -Tenemos una víctima.
  -Pues vamos- dijo Aby poniéndose de pie.

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